#DesdeConchaEspina | “PreVARicación”

Alguna que otra vez por motivo de rabiosa actualidad hemos cambiado el hashtag #DesdeLaGrada o #DesdeElPalacio al que hoy tiene este artículo: #DesdeConchaEspina.

Normalmente suele ser o porque se va a hablar de ambas secciones del Real Madrid – fútbol y baloncesto – o porque lo que se va a contar, como es el caso, resulta transversal a las dos.

Y es que lo vivido este pasado domingo en el Palacio de Goya en la Final de la Copa del Rey de baloncesto, lejos de ser un caso aislado en un deporte en el que este tipo de cosas suceden de manera residual, parece un nuevo episodio como si de una serie se tratara, de una línea argumental que lamentablemente resulta descorazonadora para los aficionados a cualquier deporte.

Hoy, ya con el calentón rebajado tras más de veinticuatro horas de reflexión, en las que algunos hemos casi muerto envenenados al mordernos la lengua para evitar entrar en juicios inapropiados por poco objetivos y fuera de tono, es momento de hacer unas reflexiones al respecto de lo sucedido a lo largo de los últimos días.


Porque como decía, no se puede evitar relacionar el esperpéntico episodio de la Final de la Copa con otros capítulos ocurridos en el fútbol, todos ellos relacionados con las decisiones tomadas por los árbitros con el sistema de videoarbitraje: VAR en el fútbol, Instant Replay en el baloncesto.

Y es que hasta los más escépticos del lugar entre los cuales me incluyo, tuvimos que concluir tras el Mundial de Rusia del pasado verano, que el VAR tal y como lo contemplamos allí, podría aportar algo de justicia al fútbol. El escepticismo en mi caso, no venía tanto por el alcance tecnológico – que resultó notable – sino por las manos que habrían de ser las responsables de manejar el sistema en la competición nacional. Los Clos Gómez y Velasco Carballo de turno, junto a los propietarios de las imágenes – Roures y su entramado Mediapro, pronto se encargaron de tirar por tierra las bondades de un sistema que lograba ver aquello que al árbitro se le escapaba. Imágenes que desaparecían, jugadas que no se repetían mientras en otras se retrocedía hasta el siglo pasado buscando algo ilegal… Pero si sólo analizáramos los errores cometidos abstrayéndonos de la tendencia hacia un club en concreto – lo cual a estas alturas resulta harto difícil, por no decir imposible -, hay otro factor que podríamos denominar “corporativista” y que podría arrojar más leña al fuego en este asunto. El VAR corregía errores arbitrales y recomendaba que un árbitro instara a otro a visionar una pantalla delante de todos los espectadores ante un error manifiesto, lo cual en un país como el nuestro, en el que estamos poco acostumbrados a que nos digan que no tenemos razón en algo, suponía que la iniciativa estaría condenada al fracaso también por aquí. El bochornoso “Todo OK, José Luis” que como dice un buen amigo es la versión 2.0 del no menos famoso: “No me jodas, Rafa”, tras el penalti clamoroso no señalado a Vinícius, quedó en nada ante el penalti señalado al Barcelona frente al Sevilla tras golpear Messi el suelo y señalarse el punto de los once metros, o tras el gol de Luis Suárez al Leganés, infracción clara mediante.

Todas las jugadas mencionadas pueden ser errores del árbitro en el campo – aunque alguno de este calibre sea impropio de árbitros profesionales – . El problema es que fueron revisadas por el VAR desde la sala, y por mucho que uno se esfuerce: pegar una patada al suelo no es penalti, ni aquí ni en Beluchistán. Añade más morbo si cabe, la actuación impoluta del VAR, explicación de UEFA mediante, en el Ajax – Real Madrid, lo que abunda aún más en que no se trata del utensilio sino del cómo y quién lo maneja.


Y todos estos ejemplos enlazándolos con lo sucedido en el Palacio, se tratan de algo más que de simples errores. Tratar de refrendar algo que no es, tras verlo por televisión y ratificarte en ello cuando tienes que administrar justicia, es preVARicar.

Cierto que en el caso del Palacio, parece que por tratar de compensar una serie de errores cometidos con anterioridad, pero es a todas luces inexcusable, porque tres árbitros revisaron unas imágenes que fueron ofrecidas a todo el pabellón en directo, y señalaron lo contrario a lo que se ve en ellas. No tuvieron en cuenta en absoluto, el daño que se hace a la credibilidad de los propios árbitros, a los sistemas de revisión y a la limpieza de las competiciones: es sencillamente enorme.

Desconozco si esto servirá o no para algo, y si lo de el tapón – rebote más famoso de la Historia del baloncesto marcará un antes y un después en la situación de las competiciones; lo que sí es cierto es que los medios tecnológicos han de utilizarse en aras a tener un deporte más limpio y las personas que los utilizan deben tener unos conceptos puros y éticos de lo que representan los valores del deporte, que son los que lo hacen grande. De otro modo, estaremos perdidos, y aquí obligados a denunciarlo para evitar que se preVARique #DesdeConchaEspina.

@pepo2204 

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