#DesdeElPalacio | “El falso ladrón y su 600”

El falso ladrón y su 600

Había uno una vez al que se permitían el lujo de llamar ladrón aquellos que habían ganado Copas de una forma cuanto menos extraña en los últimos años. Y lo decían sin ruborizarse, incluso haciendo mofa sin que al resto del mundo le pareciese mal. Nada nuevo, por otra parte. El presunto ladrón ha tenido y tiene que soportar miles de improperios por parte de aquellos que le acusan de obtener sus triunfos – que son muchos, claro está, – de forma ilícita. Nuestro héroe en algo se parecía a cierto tipo de ladrones, pero no en las artes ni en los métodos sino en el color que viste, el blanco y en lo nutrido y variado de sus premios.

La envidia y el resentimiento que provoca alguien que gana y lo hace muy frecuentemente lleva a sus contrincantes a la descalificación e insulto permanente, posición pueril y ridícula por falaz, a la que se llega usando banales argumentos en lugar de utilizar la sustancia gris del cerebro – ya no digo la blanca, porque la discriminarían de forma inmediata por su color – , en tratar de beneficiarse del efecto positivo del espejo y respetar y aprender de quién les supera.

Otros rivales crecidos ocasionalmente en determinados momentos pensaron rápidamente en sumarse a esa corriente de descrédito hacia el que pasaba a ser el enemigo común, ya que les servía como pretexto perfecto para justificar siempre el no mantener el estatus máximo logrado quizá en parte por la competitividad obtenida al estar al lado del mejor.

De modo que este presunto ladrón, quizá cansado de tanto agravio, un día se planteó su salida de aquel entorno tan hostil en busca de su propio futuro con la vocación internacional que siempre tuvo desde que nació. Y aún a sabiendas de que algunos que ahora son quienes más le vilipendian esperan cobardemente agazapados a que dé el primer paso para seguir cual discípulos aventajados al maestro, no han dudado tampoco en ofenderle también por ese pseudo deseo tibiamente expresado.

El hecho es que para viajar a ese nuevo destino hace falta un medio de locomoción. En función de la prisa que se tenga, ese medio puede ser más o menos veloz. Nuestro amigo puede elegir y optar por un tipo de vía de diferente rapidez. Sin embargo, mucho del camino recorrido hasta aquí lo ha hecho con un modesto seiscientos. Un vehículo hecho en una de las tierras más hostiles para el protagonista de nuestra historia, y por el que fue criticado al adquirirlo, aunque esta vez por sus más allegados. ¡Las cosas del destino que a veces es caprichoso! Este seiscientos ha demostrado ser fuerte y apto para toda empresa propuesta, no en vano ha estado presente en todas las conquistas de nuestro héroe. Pero además ha mostrado una probada fiabilidad y resistencia a todo tipo de presión, tanto externa como interna y hasta en los peores momentos ha cumplido con creces su propósito. Ha tenido y tiene, como es normal también algún pequeño desajuste, circunstancia que se utiliza cada dos por tres para pedir su jubilación por aquellos a los que nunca les gustó, quizá más que nada para poder decir aquello de: “ya lo decía yo”.

Sin embargo, hoy por hoy ni en el supuesto de que el viaje, caso de hacerse, se hiciera en cohete, nadie podría poner un pero a que ese seiscientos edición Laso, acompañara a nuestro presunto ladrón a su aventura.

Dicen que quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón, que los deseos si los sueñas se cumplen, y que cuando uno siembra vientos recoge tempestades. Ojalá las cosas realmente cambiaran pero tiempo se ha tenido y bajo mi humilde punto de vista de la situación, no se ha querido poner medio para ello, por lo que ahora nadie puede detener un futuro imparable al que nuestro Real Madrid parece haber puesto el rumbo inexorablemente, y al que seguramente – no sé cómo ni cuándo – nuestro flamante Laso 600 le acompañará. Y nosotros estaremos ahí para verlo #DesdeElPalacio.

@pepo2204

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