El Madrid cae de pie en Atenas: orgullo blanco hasta el último segundo
El Real Madrid Baloncesto rozó una nueva gesta europea en una final eléctrica de Euroliga, pero terminó cediendo ante Olympiacos B.C. por 92-85 en un OAKA teñido de rojo. El equipo de Sergio Scariolo, castigado por las bajas interiores y condicionado por varios momentos arbitrales polémicos, compitió hasta el final y llegó vivo al último minuto gracias al carácter de un grupo que nunca dejó de creer.
El Madrid salió sin complejos, agresivo atrás y con una energía impropia de un equipo tan castigado físicamente. Trey Lyles marcó el tono desde el salto inicial, castigando cada desajuste de la defensa griega, mientras Hezonja y Abalde acompañaban con personalidad.
Olympiacos tardó varios minutos en encontrar ritmo ofensivo ante la intensidad defensiva blanca. El conjunto de Scariolo controló el rebote mejor de lo esperado y movió el balón con paciencia para abrir una primera brecha importante. Un triple de Lyles obligó incluso a Bartzokas a parar el partido con tiempo muerto. El Madrid cerró el cuarto dominando sensaciones y marcador.
La reacción griega llegó de la mano de Evan Fournier. El francés empezó a encontrar ventajas en situaciones de bloqueo directo y el ambiente del OAKA comenzó a empujar a los locales.
El Madrid siguió compitiendo con enorme madurez pese al parcial heleno. Abalde sostuvo al equipo desde el triple y Lyles continuó firmando una actuación descomunal para evitar que Olympiacos rompiera el encuentro antes del descanso.
Los griegos crecieron físicamente con Milutinov y Peters dominando segundas oportunidades, pero el conjunto blanco resistió y se marchó al intermedio todavía por delante, demostrando una enorme capacidad competitiva pese a las bajas de Tavares, Len y Garuba.
Tras el paso por vestuarios llegó el tramo más igualado y emocional del partido. Olympiacos subió el nivel de contacto y consiguió correr más la pista, pero Hezonja apareció cuando más lo necesitaba el Madrid.
El croata asumió galones ofensivos con penetraciones y tiros de media distancia que frenaron cada intento de escapada griega. Campazzo dirigió con inteligencia pese a las dificultades físicas y Deck volvió a multiplicarse atrás.
Aun así, el desgaste madridista empezaba a notarse. Olympiacos cargó constantemente el rebote ofensivo y encontró puntos importantes cerca del aro. El duelo entró en el último cuarto completamente abierto.
El tramo decisivo se jugó al límite físico y emocional. Olympiacos aprovechó su mayor profundidad interior para castigar en la pintura, mientras el Madrid sobrevivía gracias al talento individual y al orgullo competitivo.
Lyles firmó una final gigantesca, probablemente el mejor partido de blanco desde su llegada, y Hezonja siguió empujando a un equipo que nunca se rindió. Varias decisiones arbitrales muy protestadas encendieron al banquillo madridista en los minutos finales, pero ni siquiera eso sacó al equipo del partido.
Con el marcador apretado, el Madrid tuvo un triple para empatar a falta de segundos, pero el lanzamiento no entró. Ahí murió la final. Olympiacos celebró su cuarta Euroliga y el Madrid se quedó a las puertas de otra remontada imposible, aunque volvió a demostrar por qué sigue siendo el gran referente competitivo del baloncesto europeo.
