Un tanto de Rüdiger brinda los 3 puntos en un partido totalmente loco.
Miércoles 14 de octubre y por fin volvía la Champions League, la mejor competición del mundo hoy y siempre. Parece que hubiera sido en mayo el anterior partido, ya que con tanto parón uno no consigue recordar bien la fecha en la que le tocó sufrir por su equipo en anteriores entregas.
El escenario de hoy no podía ser mejor: la ciudad de Roma se engalanaba para recibir a un Real Madrid al que le esperaba una batalla digna de los mejores gladiadores del Coliseo.
Los muchachos de José Mourinho salieron con el siguiente 11 titular: Courtois; Cucurella, Rüdiger, Konaté, Dumfries; Tchouaméni, Valverde; Vinícius, Bellingham, Diomandé; Mbappé.
Los locales, comandados por Gasperini, formaban de la siguiente forma con un 3-2-4-1 muy interesante: Gollini; Mancini, Ndicka, Mario Hermoso; De Room, Koné; Wesley, Matías Soule, Dybala, Nahuel Molina; Malen.
El partido tuvo casi de todo y empezó muy deprisa, ya que apenas tras el arranque del choque Courtois ya tendría que aparecer por primera vez para detener un precioso disparo de Mario Hermoso que se colaba en la portería defendía por el belga.
Sería Dybala quien tuviera la segunda ocasión del partido haciendo notar que el Madrid no estaba todo lo dentro del partido que se esperaba, algo que se hacía mucho más evidente en salida de balón con Courtois teniendo que abandonar su área con balón intentando así echar al equipo más arriba y con Diomandé teniendo que bajar casi por debajo de los medios para recibir la bola e intentar oxigenar al equipo.
Tanto fue el cántaro a la fuente que al final fue la Roma quien se adelantó en el marcador. Una pérdida absurda de Tchouaméni y un balance horroroso en defensa permitieron que De Roon recibiera solo en la frontal del área un pase de Spule y rematara a puerta para hacer el primer gol, con algo de fortuna pues rebotó en un defensa del Madrid.
No espabiló el Madrid y otra pérdida, esta vez de Diomandé, permitía a Malen quedarse solo y disparar en lo que bien pudo haber sido el 2-0, pues el rechace de Courtois casi acaba dentro.
Sin embargo, nunca hay que dar por muerto al Madrid porque es cuando más peligroso se muestra. Así, llegó el empate, obra de Mbappé tras un disparo desde fuera del área que también rebotó en un defensa y se coló en la portería.
Pudo darle la vuelta el Madrid en una acción donde Cucurella superaba a su marca y se plantaba solo en el área pero su disparo se marchó rozando el poste. Lo que hubiera cambiado el cuento de haber entrado esta ocasión, incluso con la última ocasión de Jude al borde del descanso que tampoco encontró portería.
Pero el marcador no se movería y llegábamos al descanso con el resultado de empate a 1… solo para volver y en un abrir y cerrar de ojos ponernos 3-1 abajo, tras una salida más que horrible en la segunda parte.
El 2-1 arrancaba con una pérdida absurda e inútil de un Vinícius desaparecido durante el tiempo que estuvo en el encuentro. El brasileño intentaba un taconazo en mediocampo, perdía la pelota y en el ataque inmediato la Roma marcaba gol.
Habría que hablar muy a fondo de Vinícius, que todavía tenía el cuajo de preguntarse en su sustitución minutos después por qué Mourinho le quitaba del campo tras un nefasto partido, otro más y ya son muchos últimamente.
El centro del campo era también un solar y por ahí llegó el pase que encontraba en profundidad a Malen para batir por bajo a Courtois.
Minuto 58, 3-1 abajo y nadie en Roma se esperaba la tormenta que se iba a desatar repentinamente.
Mou retiró a Dumfries y al mencionado Vinícius para dar entrada a Güler y Endrick y el Real Madrid pareció despertarse de una malísima siesta. El turco, que sí sabe lo que es un balón y qué se debe hacer con ello, asumió la responsabilidad de tomar la posesión y controlar al equipo mientras que Endrick se convertía en un quebradero de cabeza por su banda marchándose una y otra vez por velocidad.
En estas comenzó a aparecer Gollini en el partido, desbaratando una ocasión tras otra de los atacantes de un Madrid que veía cómo le era bien anulado un gol por fuera de juego muy justo de Mbappé tras un gran pase en profundidad.
Entrarían Bernardo, Espí y Carreras y el equipo inmediatamente con todas estas caras nuevas parecería otro, como si ahora quisieran correr, como estudiantes deseosos de demostrar que sí habían estudiado para el examen.
En una de estas intentonas finales, Carlos Espí cazaba un balón suelto en el segundo palo, tras el remate de cabeza de Endrick, y lo empujaba al fondo de las mallas para hacer el 3-2 al minuto 83. Y apenas 3 minutos después, otro corner botado por Güler acababa en la cabeza de Endrick que de portentoso cabezazo conseguía el 3-3 para empatar increíblemente el partido.
Espí y Endrick, otra lección bien dada un partido más y dedicada a los titularísimos por decreto.
Comenzaba a flaquear la Roma y, tras un primer intento de Bellingham que se marchó fuera por poco, se obraría el milagro. Otro corner botado por Güler, otra vez el turco en su tercera asistencia de la noche y Rüdiger que aparecía para rematar a puerta mientras era sujetado por el rival. 3-4, partido remontado de manera increíble y cabreo gigante de un Gasperini que veía como su equipo desperdiciaba 3 puntos casi seguros en sendas jugadas a balón parado y de manera casi consecutiva.
Pero ya no se movería el marcador otra vez más, el Real Madrid conseguiría los 3 puntos cuando estaba en la lona y el partido pasaba directamente a la historia de los mejores encuentros de Champions League.
Por parte del Madrid, la conclusión es que aún se debe mejorar mucho, que quizá hay que plantearse seriamente la continuidad de ciertos jugadores en el 11 inicial y que se debe estar desde el principio de partido con la misma actitud de la última media hora de hoy. Toca corregir muchas cosas de camino al domingo a las 21 contra el Sevilla, veremos qué cara vemos del equipo en ese día.