Crónica de un absoluto desastre

Naufragio en casa ante un Getafe muy sólido gracias al golazo de Satriano.

Jornada aciaga la vivida en la noche de hoy en el Santiago Bernabéu… Perdón, sería más correcto decir la sufrida, porque este partido como viene siendo habitual esta temporada fue un dolor de muelas absoluto.

Sin rumbo, sin ideas, sin reacción, sin corazón para enrabietarse y correr como locos a por el empate. No hubo nada, solo una muy tímida respuesta al gol de Satriano, donde ya apareció la mala suerte y la manopla de David Soria para evitar el empate.

Nos mete gol cualquiera últimamente, eso es cierto pero hay que darle crédito al voleón a la escuadra del jugador uruguayo, reciente incorporación para la plantilla de José Bordalás. Cómo la enganchó Satriano para meter el definitivo 0-1, de esos golpeos que enamoran siempre y cuando no te los haga el rival.

Hablando de los muchachos de Bordalás, todo lo hicieron bien. Y ya no solo jugando al otro fútbol, aunque sí las múltiples faltas, interrupciones y pérdidas de tiempo podrían desesperar… No quedaron ahí pues la solidez defensiva, la organización casi enfermiza y el trabajo constante de todos en todo momento fueron de esas cosas que se deberían enseñar en las escuelas de fútbol.

Y hablando de enseñar y de escuelas, quizá los nuestros deberían pasar por algún tipo de examen o algo para detectar si no tenemos jugadores con el coeficiente intelectual inverso o algo así. No es para nada normal, y la grada así lo hizo saber en diversos momentos del partido, que no seas capaz de detectar que el rival te está empujando a jugar de cierta forma, a realizar solo una jugada donde dejas a tu jugador contra 4 rivales, con tu delantero pegándose en el punto de penalty con 7 defensores mínimo… y aún así estar más de 90 minutos cayendo en la trampa.

No puede ser que en el minuto 80, jugándote la Liga y la imagen, vayas andando al ataque y con pases horizontales a un metro de distancia.

No puede ser que se caiga en el error constante, en cada maldito partido, de hablar con los árbitros y sufrir las consecuencias, como Mastantuono hoy que se le fue la lengua y acabó expulsado.

No puede ser que jugadores que saben (o deberían, al menos) que están apercibidos vayan sin control a decisiones estúpidas y se lleven, ¡oh sorpresa!, la tarjeta que les impide jugar el viernes. Y lo que me parece increíble, es que no se les caiga la cara de vergüenza por no darse que perjudican a su propio equipo.

Para el final la mayor vergüenza de todas: la sensación de que no hay más, que no va a cambiar nada por mucho que se cambien esquemas, entrenadores o piezas. La idea de que te puede venir el Celta, equipo que juega muy bien al balón y además actuará de local, y meterte 3 sin despeinarte mientras los tuyos tendrán la cabeza en vaya usted a saber qué influencer y discoteca semanal.

Aún queda mucho, solo estamos en marzo, y viene lo peor y más importante. ¿La sensación? Que se nos puede escapar todo en dos semanas, porque a algunos no les apetezca cumplir con su responsabilidad.

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